Repensar la investigación desde la discapacidad | ENTREVISTA

CEDID

2026-07-30

El I Congreso Internacional de Docencia e Investigación desde la Discapacidad (CIDID 2026), se celebrará en Madrid los días 5 y 6 de octubre de 2026 con el fin de visibilizar la contribución académica de investigadores y docentes con discapacidad, impulsar una universidad diversa y representativa y crear comunidades de colaboración que fomenten el apoyo mutuo y el intercambio de trayectorias entre la comunidad investigadora y docente de todo el mundo.

Khadija Ftah y Jorge Rodriguez-Moreno son los promotores del I Congreso Internacional de Docencia e Investigación desde la Discapacidad (CIDID 2026), un evento pionero que busca visibilizar la contribución científica que realizan las personas investigadoras con discapacidad a la investigación, a la universidad, a la docencia y, en definitiva, a toda la sociedad. No es un congreso sobre discapacidad, es un congreso desde la discapacidad. Nos lo cuentan en esta entrevista:

1.    ¿Qué significa investigar "desde la discapacidad"?

JORGE.- Permitidnos que os agradezcamos la posibilidad de estar aquí, porque con este primer Congreso de Docencia e Investigación desde la Discapacidad, que hemos llamado por sus siglas en español CIDID, lo que buscamos es justo lo que estáis haciendo en este momento; ir más allá de hablar sobre discapacidad en tercera persona y ceder la palabra a protagonistas de una realidad cotidiana de este país y de muchos otros, para que cuenten desde su vivencia y desde su experiencia cómo es la investigación y la docencia desde dentro de la Academia.

Investigar “desde la discapacidad” significa muchas cosas y si hacemos memoria seguro que recordamos casos que lo muestran, tanto desde la discapacidad como desde otras vivencias. Por ejemplo, cuando una niña que ha nacido en un lugar con dificultades con acceso a agua potable debe recorrer enormes distancias para buscar agua cada día, decide que cuando sea mayor va a estudiar para investigar cómo solucionar eso y lo consigue; cuando un niño que pierde a un ser querido por una enfermedad, decide estudiar para ayudar a que a otras personas no les ocurra lo mismo, y lo consigue; o cuando una peque o un peque que crece viendo como hay cosas que podrían ser más fáciles de lo que la sociedad las hace, estudia para solucionarlo y se queda en la Academia, ahí vemos la importancia de cómo influye lo que vivimos en lo que nos motiva e impulsa en nuestras investigaciones.

Investigar no es un acto neutro porque somos seres humanos. Y por más que busquemos la perspectiva más objetiva, que es lo que se busca en el método científico, el motor y la pasión de hacer lo que hacemos viene de la experiencia vivida, de la experiencia familiar, social, personal y, por supuesto, también de la experiencia de compartir y relacionarnos con colegas de la misma y otras universidades y centros de investigación como busca CIDID. 

2.    ¿Qué os impulsó personalmente a poner en marcha esta iniciativa?

KHADIJA.- La verdad es que esta iniciativa surgió de una conversación que mantuvimos Jorge y yo durante el verano del año pasado. Hablábamos sobre las personas investigadoras con discapacidad y sobre lo difícil que resulta encontrar referentes, no porque no los haya, sino porque muchas veces no son visibles ni existen espacios donde puedan serlo.

En aquella conversación también compartimos nuestras experiencias en congresos científicos, especialmente en lo relacionado con la accesibilidad. Y la verdad es que, en ese aspecto, estos espacios todavía dejan mucho que desear. Poco a poco nos dimos cuenta de que el problema iba más allá de la accesibilidad. Tenía que ver con la invisibilización que seguimos viviendo muchas personas investigadoras con discapacidad en el ámbito académico, especialmente en espacios como la docencia y la investigación, donde estas cuestiones suelen quedar fuera del foco.

Fue entonces cuando vimos la necesidad de crear un espacio diferente. Todos los congresos que conocíamos eran sobre discapacidad. Sin embargo, no queríamos hablar únicamente de discapacidad; queríamos crear un espacio donde se visibilizara la contribución científica que realizan las personas investigadoras con discapacidad a la investigación, a la universidad, a la docencia y, en definitiva, a toda la sociedad. Por eso decidimos lanzarnos a la aventura y crear un congreso desde la discapacidad.
Y remarco esa diferencia entre “desde” y “sobre”, porque ahí está la esencia de CIDID. Cuando hablamos desde la discapacidad, hablamos de lo que hacemos, de lo que aportamos y de cómo nuestro trabajo puede contribuir al conjunto de la sociedad. Lo hacemos desde nuestra experiencia vivida como personas con discapacidad, una experiencia que nos aporta una perspectiva más amplia desde la que investigar, enseñar y generar conocimiento. Ahí reside, precisamente, el valor y la riqueza de la diversidad.

3.    ¿Por qué es importante impulsar un congreso como CIDID precisamente en este momento?

JORGE.- Cualquier persona, tanto con discapacidad de nacimiento como adquirida de mayor, que haya superado las enormes dificultades de un sistema educativo que penaliza lo que se sale de la norma general, que haya superado la etapa del instituto, haya osado intentar estudiar en la universidad y salvar yincanas varias en los cuatro años de Grado, uno o dos de Máster, cuatro de Doctorado y después haya seguido la carrera docente e investigadora, sabe lo necesario que es impulsar una iniciativa como CIDID, tanto por la dimensión académica de este congreso internacional como por lo que supone en términos de visibilidad, participación y reconocimiento de las personas con discapacidad dentro de la universidad.

Cuando desde peques sentimos que queremos ser astronautas, futbolistas, influencers o lo que sea, es porque tenemos referentes que nos muestran que algo es posible cuando estamos aprendiendo cómo es el mundo y además que ese algo tiene cierto reconocimiento social de algún modo. Este congreso es un punto de encuentro tanto para personas con discapacidad que están en su primera etapa con sus investigaciones de doctorado como para otras que llevan años en la investigación y tienen amplia experiencia. Pero también es un lugar en el que mostrar a la sociedad de puertas hacia afuera lo que hacemos cuando se nos deja hacer, se nos eliminan los obstáculos, se nos da el espacio que es nuestro por derecho, se nos ponen rampas, se nos mira como lo que somos: personas iguales que cualquier otra; ni superhéroes, ni especiales, ni inválidos, ni minusválidos.

Es maravilloso mirar atrás, ver de dónde venimos y saber lo que hemos avanzado. Sin embargo, es más necesario que nunca defender lo conseguido y, en nuestro caso desde la ciencia, hacer un mundo mejor en el que algo tan obvio como la diversidad sea la base de cómo nos vemos y cómo nos entendemos. Las personas con discapacidad en España somos alrededor del 10% de la población, una de cada cuatro, y tanto en nuestro país como en otros, más allá de la representación que siguen haciendo muchos medios de comunicación con historias de superación o de lo mal que están las pobrecitas, las personas con discapacidad aunque no se note o no digamos que somos personas con discapacidad, porque no hace falta o porque no queremos, somos una parte importante de la sociedad y también aportamos con nuestro trabajo desde nuestras universidades y centros de investigación.

Por ello, es importante impulsar encuentros internacionales como CIDID. Porque hay que empezar a cambiar cómo se percibe y conceptualiza a una parte importante de la población, y hay que tan solo mirar bien para ver el valor social y académico que aportamos y volcamos a la sociedad. Y, en la infancia o en la adolescencia, en clase de Grado o Máster, si a una persona con discapacidad le llama la atención una parte de la ciencia, que vea que puede tener referentes y que también le pertenece, como al resto de personas, poder tener la ilusión y la posibilidad real de cuando sea mayor tener claro que hay espacios que no se le van a cerrar y va a poder al menos intentar y decidir por sí misma si quiere estar en esos espacios, sin que nadie decida por ella.

4.    ¿Qué objetivos persigue esta primera edición?

KHADIJA.- Esta primera edición se propone, en primer lugar, consolidarse como un espacio de referencia para visibilizar y difundir las contribuciones académicas de las personas investigadoras con discapacidad. Ese es nuestro punto de partida.
Pero también venimos a cuestionar algunas ideas. El lema de esta primera edición, “Repensar la investigación desde la discapacidad: un nuevo paradigma para la ciencia", alude precisamente a este objetivo. Queremos dejar de pensar la discapacidad únicamente como un objeto de estudio para empezar a poner en valor la experiencia vivida y el saber situado de las personas investigadoras. Tal vez hablar de paradigma pueda sonar ambicioso, pero consideramos que la ciencia está precisamente para eso; para cuestionar, repensar y evolucionar.

Llevamos muchísimos años en los que, con frecuencia, se nos han asignado roles pasivos dentro de la investigación. Ya es hora de reconocer plenamente el papel de las personas investigadoras con discapacidad como protagonistas en la producción de conocimiento, un papel que muchas llevan desempeñando desde siempre en la Academia, aunque esa contribución no siempre haya recibido el reconocimiento que merece. En ese sentido, nos gustaría que este espacio sirviera para empezar a definir las bases de la ciencia que queremos construir de ahora en adelante.

Finalmente, queremos que esta primera edición sea también un lugar donde generar redes entre personas investigadoras y docentes, donde surjan sinergias, colaboraciones y nuevas conexiones, y donde pueda seguir creciendo una comunidad científica internacional que investiga y trabaja desde la discapacidad. En definitiva, queremos contribuir a crear un espacio para una comunidad científica que siempre ha existido, pero que muy pocas veces ha contado con un lugar propio desde el que encontrarse, dialogar y hacer visible su trabajo.

5.    La discapacidad suele aparecer en la investigación como objeto de estudio. ¿Qué cambia cuando quienes producen ese conocimiento son también personas con discapacidad?

JORGE.- Como bien decía el gran divulgador científico Eduard Punset, el cerebro humano hoy sabemos que busca gastar la menor cantidad de energía posible, es propenso a dar validez a prejuicios, estereotipos y simplificaciones que usados para nuestro beneficio como especie nos han ayudado a evolucionar y a estar aquí ahora hablando. Pero, como decíamos antes, esos prejuicios, estereotipos y conceptos aprendidos ni nos han hecho ni nos hacen bien como especie porque no se corresponden en muchísimos casos con la realidad.

Investigar y dar clase, compartiendo y reflexionando sobre lo que se investiga, ya sean investigaciones en Psicología, Sociología, Estudios de Género o Teoría de la Comunicación, al hacerlo de forma activa en primera persona, vamos a aportar lo que nos impulsa junto a los valores que sustentan las motivaciones por las que hacemos una labor de servicio público. Investigar sobre discapacidad está muy bien, sin embargo, investigar desde la propia discapacidad es fundamental para poder ocupar los lugares que durante tanto tiempo se nos ha negado tener y en bastantes casos se nos siguen negando en la actualidad, tener voz propia y con ella ser parte de la generación de conocimiento, de los debates y discusiones sobre ese conocimiento, que se nos escuche y que se valoren las investigaciones de cualquier persona con discapacidad como si fuese una persona “normal”. Ya, dicho así suena horrible, ¿verdad? Pues eso y cosas de ese tipo seguimos escuchando cuando algunas personas hablan sin pensar y al final dicen lo que buscamos cambiar con este congreso; hoy, las personas con discapacidad también estamos en las universidades, investigamos, damos clase y, si las leyes, el respeto y el sentido común funcionan, desarrollamos nuestras actividades como todo el mundo de forma “normal”.

6.    ¿Qué retos y barreras siguen encontrando hoy las personas con discapacidad que desarrollan su carrera investigadora o docente en la universidad?

KHADIJA.- Las barreras son muchas y diferentes, según el caso y la disciplina. Pero, si tuviera que resumir en tres las barreras comunes a todas las personas investigadoras con discapacidad, o al menos a la mayoría, diría que son la infrarepresentación y la falta de visibilidad en la universidad y la Academia; la falta de entornos verdaderamente accesibles y de apoyos para el desarrollo de la actividad investigadora y docente; y el estigma que todavía sigue asociando la discapacidad a supuestas limitaciones de nuestras capacidades, cuando muchas veces esas limitaciones son inexistentes o, mejor dicho, imaginadas.

Estas tres cuestiones tienen un impacto directo en la carrera investigadora y en las posibilidades de desarrollo y promoción dentro de la Academia. Las estadísticas, de hecho, nos lo muestran: el promedio de Personal Docente Investigador con discapacidad en las universidades españolas es del 1,09%, según datos del Grupo de Trabajo de Discapacidad, Diversidad Funcional e Igualdad de Crue-Profesorado. Incluso hay universidades que ni siquiera tienen registro sobre ello. Estos datos invitan a reflexionar sobre el ‘no lugar’ que sigue ocupando la diversidad en la Academia española. Todavía cuesta vernos como sujetos activos en la producción de conocimiento y, por eso, el cambio de mentalidad en este aspecto es muy necesario y, me atrevería a decir, urgente.

De hecho, buena parte de esta realidad tiene que ver con el estigma y los prejuicios que todavía existen en torno a la discapacidad. Esa imagen instalada en el imaginario colectivo, que asocia a personas con discapacidad con la dependencia o la incapacidad y que, incluso hoy, sigue recurriendo a términos como “minusválidos”, ha hecho mucho daño y continúa haciéndolo. Porque todavía cuesta imaginar a una persona con discapacidad impartiendo docencia o liderando un proyecto de investigación. Se nos otorgan y se nos quitan capacidades a placer por el simple hecho de tener una discapacidad, una condición que forma parte de quienes somos, pero que de ninguna manera nos define como personas. Por eso es tan importante deconstruir estos estereotipos, y qué mejor manera de hacerlo que creando espacios para visibilizarnos y visibilizar nuestro trabajo.

Por último, la cuestión de los apoyos y de la accesibilidad no es, en absoluto, algo menor. Muchas veces es precisamente lo que nos limita a la hora de desarrollar nuestra actividad investigadora y docente, de modo que partimos ya de una situación de desigualdad respecto al resto de investigadoras e investigadores. Dejamos de realizar determinadas investigaciones o de incorporar nuevas metodologías docentes, no porque no seamos capaces de hacerlo, sino porque no se nos conceden los apoyos que necesitamos para ello. Todo esto, obviamente, repercute en la carrera académica, porque sin investigación y sin innovación docente es muy difícil hacer méritos y avanzar. Entonces volvemos al punto de antes: muchas veces se presupone que no somos capaces de hacer algo, cuando lo que en realidad sucede es que no tenemos las herramientas necesarias para hacerlo en igualdad de condiciones. Y, en muchos casos, el hecho de que la discapacidad siga sin contemplarse adecuadamente en estos entornos nos obliga a trabajar en condiciones difícilmente aceptables, con una sobrecarga laboral y una sobreexigencia que son fruto de una cultura capacitista que sigue considerando al personal investigador como un colectivo homogéneo, sin tener en cuenta la diversidad de circunstancias, formas de trabajo y condiciones de acceso de cada persona.  

7.    ¿Qué papel deberían desempeñar las universidades para favorecer una ciencia más inclusiva?

JORGE.- Para empezar, que no sea inclusiva. Me explico. La palabra “inclusión”, en mi opinión, tiene bastante peligro. Si la ciencia es inclusiva es porque, en primer lugar, reconoce que es exclusiva o excluyente. Algo inclusivo o incluyente es desigual, ya que la acción de incluir es solo posible de forma unilateral para quien decide si hacerlo o no; quien está en la otra parte y es objeto de inclusión solo puede quedarse a la espera de saber si se le incluye o no y recibe de forma pasiva esa acción. A pesar de que el concepto “inclusión” es un consenso que tenemos para hablar de ciertas cuestiones sin complicarnos demasiado buscando otra palabra con la que llegar a un nuevo consenso, propongo otro concepto que en mi opinión es más fiel a la realidad: ciencia diversa o representativa.

Desde este punto de vista, el papel que deberían desempeñar las universidades para favorecer una ciencia más diversa y representativa de la realidad social, es que las personas que forman parte de los órganos de decisión de centros de estudios universitarios y centros de investigación sean conscientes y tengan presente la diversidad que supone que en dichos centros convivan personas que representan la realidad social, y piensen, por ejemplo, que hacer las cosas de una forma en vez de otra genera con ello facilidades a unas personas en el acceso a ciertos lugares y posibilidades y dificultades a otras en el acceso a ciertos lugares y posibilidades. Si a causa de cuestiones de fuerza mayor, económicas, coyunturales, etcétera, quienes tienen el poder de decidir y hacer se ven en la obligación de tomar ciertas decisiones, son responsables si favorecen siempre a las mismas personas, o por el contrario y lo que es de sentido común y de justicia, son responsables de compensar con sus decisiones que haya cierto equilibrio en favorecer, o no, una ciencia más diversa y en la que se vean representadas todas las personas y ninguna se vea beneficiada por defecto en detrimento de otras que por defecto suelen ser excluidas. 

8.    Además del intercambio científico, ¿qué os gustaría que dejara este congreso como legado para los próximos años?

KHADIJA.- Este encuentro pone el foco en las personas y, por eso, queremos que sea un espacio para conectar, compartir experiencias y generar nuevas colaboraciones. Nos gustaría, además, que fuera incluso más allá y que pudiera servir de referencia para todas aquellas personas con discapacidad que quieran desarrollar una carrera académica, especialmente a la hora de encontrar referentes con quienes identificarse, porque contar con esto puede cambiar por completo la manera en que imaginan su futuro.

Y, por encima de todo, queremos que este congreso constituya el punto de partida para crear una comunidad internacional de personas investigadoras con discapacidad que, con su trabajo, su experiencia y sus conocimientos contribuya a construir una ciencia más accesible, diversa y representativa. Ese sería, sin duda, el mejor legado que podríamos dejar.

9.    CIDID nace con vocación de continuidad. ¿Cómo imagináis este congreso dentro de cinco o diez años?

JORGE.- Sería estupendo imaginar CIDID en unos años como un congreso internacional que haya servido para señalar y eliminar las barreras y obstáculos mentales, sociales y arquitectónicos que encontramos constantemente en universidades y centros de investigación desde que entramos por la puerta. Sería maravilloso que nuestras universidades fuesen ejemplo de haber erradicado esta y otras exclusiones y capacitismos después de haber visto en este congreso internacional que quienes lo hacemos, quienes asisten y quienes presentan sus investigaciones somos personas tan normales como cualquier otra y solo necesitamos, como cualquier otra, las condiciones adecuadas para desarrollar nuestro trabajo.

KHADIJA.- Es difícil imaginar el futuro en un contexto tan cambiante como el actual. Pero sí creo que estamos creando un espacio que muchas personas investigadoras perciben como necesario. Al menos, así nos lo han transmitido muchas con las que estamos colaborando. Si realmente conseguimos responder a esa necesidad, creo que dentro de cinco años este encuentro puede haberse consolidado como un espacio de referencia, tanto a nivel nacional como internacional, para compartir investigaciones originales e inéditas desarrolladas desde muy distintos ámbitos del conocimiento, pero con un elemento común: investigar desde la discapacidad. Hasta donde sabemos, en España no ha existido un congreso con estas características y, en el ámbito internacional, tampoco conocemos una iniciativa similar. Como investigadora, creo sinceramente que estamos impulsando un proyecto innovador.

Y, si miro un poco más lejos, me gustaría pensar que dentro de diez años habremos conseguido algo todavía más importante que consolidar un congreso: habremos contribuido a consolidar una comunidad internacional investigadora que trabaja desde la discapacidad, colabora entre sí y genera un impacto positivo tanto en la Academia como en la sociedad. Si con ello conseguimos que dejemos de hablar únicamente sobre discapacidad para hablar de investigar, enseñar y divulgar también desde la discapacidad, entonces creo que podremos decir que CIDID ha cumplido su propósito.

10.    ¿Qué mensaje os gustaría trasladar a las personas con discapacidad que están iniciando una carrera investigadora o docente y que quizá aún no se sienten representadas en el ámbito académico?

KHADIJA.- Les diría tres cosas. La primera es que busquen esos referentes que puedan inspirarles. Hay muchísimas personas investigadoras y docentes con discapacidad en las universidades, solo que muchas veces no son visibles. Igual que, como personas investigadoras, buscamos referentes en nuestros campos de investigación, también es importante encontrarlos en la posición desde la que investigamos, en nuestro caso, desde la discapacidad. Es una carrera larga, exigente e intensa, y contar con referentes o con una red de mentoría puede ayudarnos a adquirir estrategias para sortear determinadas barreras y seguir avanzando. Espero, además, que CIDID contribuya a que esos referentes sean cada vez más visibles y resulte más fácil encontrarlos.

Lo segundo es que no teman solicitar los ajustes razonables y los materiales de apoyo que les permitan desarrollar su actividad investigadora y docente en igualdad de condiciones, ya sea software especializado, adaptaciones de espacios o flexibilidad horaria. No estamos hablando de privilegios, sino de un derecho, tanto dentro de la propia universidad como a la hora de participar en otros espacios académicos.

Y, por último, les diría que no tengan miedo de mostrar su experiencia vivida de discapacidad como saber situado y como un valor diferencial en la investigación. Nuestra perspectiva única es una fortaleza. Esa experiencia vital aporta una mirada, un rigor y una capacidad crítica de enorme valor para la comunidad científica, y constituye una forma plenamente legítima de producir conocimiento. Mi consejo es que utilicen ese conocimiento para hacer preguntas diferentes, abrir nuevas líneas de investigación o proponer metodologías participativas orientadas al impacto social. Creo que ahí existe un enorme potencial innovador.

Insisto especialmente en esta última idea porque, en los entornos académicos, existe una tendencia a ocultar la propia discapacidad debido al estigma y los estereotipos que todavía pesan sobre ella. Por temor a ser percibidas como menos capaces, muchas veces somos nosotras mismas quienes nos autocensuramos, intentamos minimizar la visibilidad de nuestra discapacidad o evitamos mencionarla cuando no es perceptible. Por eso es importante recordar que nuestra experiencia no resta legitimidad a nuestro trabajo investigador. Al contrario, también puede convertirse en una fuente valiosa de conocimiento y en una aportación científica que merece ser reconocida como tal. Y precisamente por eso creo que es tan importante crear espacios donde esa experiencia pueda vivirse con normalidad y sea reconocida como una aportación al conocimiento, y no como un motivo para cuestionar nuestras capacidades.